lunes, 16 de mayo de 2011

Hoy.

Hoy ella necesita escribirle.
Hoy ella se siente desesperada de nuevo.
Se siente viuda. Y enamorada todavía. En lo mas hondo de su ser.
Por desgracia, su amado ya murió. En todos los sentidos.
Realmente, está enamorada de alguien que sólo puede recordar. De alguien que ella mató.
Ella sintió su corazón romperse bajo la palma de su mano aquel día. Ella lo vio en su mirada. Lo sintió en sus lágrimas, mojándole la cara en aquellos últimos abrazos.
Se para unos minutos, grita y llora, aguantando los golpes amargos que le trae de nuevo su corazón. Se retuerce, como siempre que le recuerda. Como cada día un segundo antes de dormirse.
Lo imagina. Más joven. Más inexperto. Enamorado de ella. Mirándole como sólo el sabía.
Lo imagina durmiendo. Como tantas veces lo vio mientras ella se quitaba el lujo de dormir durante quizá toda la noche, sólo para mirarle a él, que jamás lo supo y que, aunque ahora lo supiera, jamás le importaría.
Tantas veces lloró en silencio mientras le veía dormir. Tantas. Lloró de orgullo, de amor, de felicidad. De tener la suerte de tenerle a su lado. Siguió con la mirada cada uno de sus poros, de sus pestañas, su vello facial, su nariz, su respiración, el movimiento de sus venas en ese precioso cuello, sus ojos cerrados y en paz. Los memorizó y ahora es algo que vive en a ella. Ese rostro. El rostro de su amado.

Que ahora ya no existe.
Su amado al que destruyó. Por un error, una equivocación, imperfecciones del ser humano, la avarícia de quererlo todo, de querer que algo nuevo mejore lo inmejorable. De creer que nuestros actos no traerán consecuencias. Que sólo va a ser algo de lo que reírse en un futuro, juntos. Y tras los años aprender de lo que has hecho y que te queme el alma todos y cada uno de los minutos de tu vida el hecho de que mataste a quien mas amabas. A quién mas has amado jamás.
Aquel con quien querías tener bebés. Aquel a quien entregaste tu persona entera. Aquel que te juró amor eterno. El que estaba dispuesto a tatuarte en su piel porque juró que jamás te olvidaría. Era tanta la seguridad de estar juntos toda la vida. Era un hecho el estar hechos el uno para el otro y pertenecerse. Ser la razón de la existencia del otro.

Y, sabes. Por mucho que no llegue a estar impreso en mi piel, está impreso en mí. Quemado, tatuado, desangrado ya. Sé que te quiero.
O que quiero a la persona que eras. La amo. La amo con mi vida y moriría mil veces por ella si así pudiera hacerte regresar. Lo que sea.

Ella quiere salir corriendo. Correr tras él. Aparecerse donde sabe que está. Verle. Hace nueve o diez meses que no ve su rostro. Y aquellas veces que lo ve en fotos, no consigue reconocerle.
Porque ya no es él. Es simplemente alguien que tomó su aspecto. Se hizo mayor con su aspecto. Cambió de vida, de amigos, de pensamientos, y de corazón. Lo vació todo y volvió a llenarlo con gente distinta.
Ella sintió una patada. Una exclusión. Una patada que rompió su mundo, aquel en el que los dos vivían. Como un cristal que se rompe. Ella lo rompió y salió disparada, dejando un agujero enorme en aquel pequeño mundo del que ella formaba la mayor parte. Él tuvo que llenarse de otra gente, otros estímulos y otros sentimientos para rehacerse a sí mismo y a su mundo.
Pero ella.
Ella es distinta.
Ella rasgó toda su piel al romper el cristal. Se desangró en gritos y deseó morirse sin él. Sintió un dolor inexplicable que le prometió que ella jamás tendría un mundo de nuevo.
Y no lo tiene. Y sigue perdida llamándolo a gritos en su interior. Lamentándose de no poder acariciarle la cara. De no poder compartir las palomitas con él viendo una película. De ya no poder llorar de amor mientras le observa dormir. De no sentirle respirar a su lado. De no oír nunca mas sus risas juntas, ellos dos. Riendo. Besándose. El silencio de los besos y el sonido de los alientos chocándose, esa cama siendo testigo de toda su historia, día a día. De las cenas. De las risas viendo películas y series. Del sexo que los unía y que les hacía sentir que ya nunca jamás nada podría separarles. NUNCA.

Nunca ha vuelto a tener sexo con nadie mas. Nunca ha conseguido sentir que alguna otra persona deba ocupar su lugar. Lo ha intentado, ha intentado engañarse, ha intentado sentir. Olvidar. Perdonarse. Y no puede. Y no quiere que nadie se siente donde él se sentó. No quiere que nadie la toque donde él la tocó. No quiere. Simplemente. Porque le pertenece a él.

Pero en fin. Ya está bien.
Él es feliz ahora. Él quería estar lejos de tí para madurar y conocerse mejor a sí mismo.
Parece que lo ha conseguido. Y me alegro tanto por él.
Espero que el crea que yo también lo he conseguido.
Que esas pequeñas cosas con las que me codeo me llenan, o llenan un cuarto del vacío que el dejó. Los buenos amigos, las chicas preciosas, las chicas que desea, los tonteos inútiles con otros chicos, las drogas, la anorexia.
Así que, cariño. Soy feliz, porque tú ahora eres feliz. Siento haberte hecho daño.
Siento que tú me hicieras daño tantas veces.
Sólo necesitaba desahogarme. Como cada día que sueño con aquel que eras antes. Cuando éramos nosotros. Cuando nuestro mundo todavía estaba sellado, duro como una roca, irrompible, impenetrable por nadie mas.
Yo me quedo aquí...