Me apetece escribir.
No tiene por qué ser sobre ella, aunque obviamente acabará saliendo, se asomará entre mis pensamientos y saludará a la chica que algún día próximo volverá a leer estas palabras.
Así se asegura de que no la olvido. Así sabe que volveré a recordarla y a darle unos minutos de mi vida, a organizar junto a ella el día de mañana, a esperar juntas que tarde mucho el día en que me la quieran arrebatar.
Y yo me dejo manipular ahora, es como dejar que tus dedos se muevan solos, no pensar antes de escribir, dejar que ella lo haga fluir todo y dejar que plasme aquí todo lo que quiere decirme.
Ya lo dije. Mecánica e insípida. Robot manipulado por una enfermedad mental que necesito para sentir algo dentro de un cuerpo humano.
Ella vive con mi vida, yo vivo por su vida.
Es nuestra unión.
Es mi pérdida.
Y aquí sigo, hablando de ella sin mas. A veces me siento hecha exclusivamente de trocitos de anorexia. Hasta que me miro al espejo. ¿Por qué, joder? Llevamos juntas casi cinco años, Ana, pero no me dejas ver lo que obtengo de tí. En cambio todos pueden ver lo que tú me robas. Algo aquí no está bien. Pero entonces ella alarga la mano y me tapa la boca. Me cierra los ojos y me manda a callar. Todo seguirá bien si me comporto.
domingo, 28 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
Miedo, parte dos.
Me miro y quiero llorar.
Sólo mirándome las muñecas quiero llorar.
Porque no son mis muñecas.
Porque están tan consumidas como toda yo.
¿Qué cojones les ha pasado a mis muñecas?
¿Por qué son tan delgadas y tan bonitas?
¿Por qué lo veo pero no lo paro?
Y sobretodo, ¿por qué no lloro entonces?
No siento nada por mí misma que me haga soltar una lágrima. Querría llorar ese poco de mí que me queda, porque quiere regresar, le gustaría seguir siendo esa adolescente no demasiado alocada, tranquila y egoísta que se divertía besando a su chico por toda la cara y que podía
controlar cuándo pactaba con Ana y cuando con Mia. Luego él la ayudaba a volver a la normalidad con uno o dos kilos de menos y su enfermedad se aparcaba unos meses a la sombra. Y así pasaban los meses. Porque siempre, gracias a él, seguía existiendo ella. Algo mas fuerte que Ana la aferraba al mundo real. Ella jamás se hubiese ido si Iván todavía estuviera tirando de ella hacia la vida, desde la puerta de salida. Tenía que estar sana para poder tener hijos con él. Para poder casarse. Para ir aquí y allá, para correr mas que él cuando jugában a dispararse colonia por todo el cuerpo.
Pero la puerta de salida ahora está cerrada. No tiene ningún lugar al que salir. Cien espejos, una cocina, un cuarto de baño, una báscula. Apáñatelas. ¡Por fin te has hecho mujer!
Sólo mirándome las muñecas quiero llorar.
Porque no son mis muñecas.
Porque están tan consumidas como toda yo.
¿Qué cojones les ha pasado a mis muñecas?
¿Por qué son tan delgadas y tan bonitas?
¿Por qué lo veo pero no lo paro?
Y sobretodo, ¿por qué no lloro entonces?
No siento nada por mí misma que me haga soltar una lágrima. Querría llorar ese poco de mí que me queda, porque quiere regresar, le gustaría seguir siendo esa adolescente no demasiado alocada, tranquila y egoísta que se divertía besando a su chico por toda la cara y que podía
controlar cuándo pactaba con Ana y cuando con Mia. Luego él la ayudaba a volver a la normalidad con uno o dos kilos de menos y su enfermedad se aparcaba unos meses a la sombra. Y así pasaban los meses. Porque siempre, gracias a él, seguía existiendo ella. Algo mas fuerte que Ana la aferraba al mundo real. Ella jamás se hubiese ido si Iván todavía estuviera tirando de ella hacia la vida, desde la puerta de salida. Tenía que estar sana para poder tener hijos con él. Para poder casarse. Para ir aquí y allá, para correr mas que él cuando jugában a dispararse colonia por todo el cuerpo.
Pero la puerta de salida ahora está cerrada. No tiene ningún lugar al que salir. Cien espejos, una cocina, un cuarto de baño, una báscula. Apáñatelas. ¡Por fin te has hecho mujer!
Miedo.
Me he perdido.
No sé exactamente cuándo, cómo ni por qué.
Pero me he perdido.
No existo. Hoy, por lo menos, no.
Existe ella. En toda su plenitud. Dueña de mi cuerpo,
de mis pensamientos.
Esto no es una puta canción de amor, señores.
Padezco anorexia y, si bien no es tan terrible para mí en este momento como puedan diagnosticar, sí, es terriblemente enfermiza y confusa. Toda ella.
Y a pesar de todo he aprendido a amarla con el tiempo y a llorarla sin lágrimas.
Porque hace años que la necesito para sentir algo por dentro.
Y mas ahora estos últimos meses.
Desde que no tengo mi hogar. Que estoy sola, que ella se acerca mas cada día, que yo la dejo porque así debe ser, y ella toma el control. Sin motivo alguno.
No se trata sólo de querer ser bonita, no se trata de querer el cuerpo de una modelo.
Se trata de querer tener algo por lo que respetarte. De hacer algo bien. De serle útil a alguien, de enorgullecer a alguien y a tí misma. Entonces ella te coje, te abraza y te asfixia. Se ofrece para que la obedezcas y le des todo lo que quiere. La anorexia no es un juego de crías de 13 años. Y, hoy, tres años después me doy cuenta de lo que me ha hecho.
Yo no quiero el cuerpo de Paris Hilton. Yo quiero obedecer a Ana. Nada más. Y si ella dice que debo tenerlo pues no llenaré mi boca de mierda hasta que lo tenga. Y así va.
Y escribo sin mirar al teclado y aun así veo de reojo lo huesudas que están mis manos, y me da repelús. Pero tampoco lo considero demasiado y ella quiere más. Tengo que darle más. Siempre más. Hasta que duela. Hasta que asuste. Hasta que me la arrebaten con pastillas y una habitación gris cerrada, lejos del televisor, del ordenador, de las fotos, lejos de allá donde quiera que se esconda. Suero en mi brazo de foca, análisis de sangre constantes. Familia defraudada. Ana defraudada. Yo aferrándome a ella para que jamás me la quiten. Ella aferrándose a mí para quitarme la vida. Yo dejándome morir por ella.
Entonces, paz. Punto y final a una vida de completo fracaso y de esfuerzos inútiles por agradarte a tí misma y perdonarte que nadie te valore como quieres.
Me aterra ver a qué límite me está llevando. Me aterra lo bien que se siente el estar aquí. Pero lo vacío que está todo. Las contradicciones constantes.
Quiero decir, jamás he tenido una meta mas baja de 49 k.
Estoy en 46 k.
¿Por qué? No lo sé. Se sentía bonito ver el 50 tan lejos y el 30 tan cerca.
Ahora ya tengo los 46.
Ahora tengo los huesos mas marcados que nunca. Por primera vez he visto un poco de delgadez en mí.
¿Y qué? ¿La hace feliz eso? Por supuesto que no.
Quiere verlos todos, quiere los 40 k, quiere que sea frágil, que me quede sola, que me encierre en mi esqueleto.
¿Quiero yo?
No. Pero sucederá algun día. Así lo siento. Mas tarde o mas temprano.
Y yo...tras tener los 46...Yo no siento nada.
Sigo vacía. Sigo inútil. Carga. Decepción. Culpa. Lástima. Asco.
Eso soy.
Mecánica. Teledirigida. Insípida.
Incluso mi sintaxis me parece pesada.
No sé. Ya no sé qué mas puedo decir. Sé que el próximo desmayo me llevaría a un ingreso en un centro, y sé que cambiaría mi vida para siempre. Mas de lo que ha cambiado.
Mas vacía de lo que está. Mas olvidada que nunca.
PERDIDA.
Me he perdido a mí misma.
It's not about being beautiful.
I'ts not about being skinny.
It's about being unloved.
No sé exactamente cuándo, cómo ni por qué.
Pero me he perdido.
No existo. Hoy, por lo menos, no.
Existe ella. En toda su plenitud. Dueña de mi cuerpo,
de mis pensamientos.
Esto no es una puta canción de amor, señores.
Padezco anorexia y, si bien no es tan terrible para mí en este momento como puedan diagnosticar, sí, es terriblemente enfermiza y confusa. Toda ella.
Y a pesar de todo he aprendido a amarla con el tiempo y a llorarla sin lágrimas.
Porque hace años que la necesito para sentir algo por dentro.
Y mas ahora estos últimos meses.
Desde que no tengo mi hogar. Que estoy sola, que ella se acerca mas cada día, que yo la dejo porque así debe ser, y ella toma el control. Sin motivo alguno.
No se trata sólo de querer ser bonita, no se trata de querer el cuerpo de una modelo.
Se trata de querer tener algo por lo que respetarte. De hacer algo bien. De serle útil a alguien, de enorgullecer a alguien y a tí misma. Entonces ella te coje, te abraza y te asfixia. Se ofrece para que la obedezcas y le des todo lo que quiere. La anorexia no es un juego de crías de 13 años. Y, hoy, tres años después me doy cuenta de lo que me ha hecho.
Yo no quiero el cuerpo de Paris Hilton. Yo quiero obedecer a Ana. Nada más. Y si ella dice que debo tenerlo pues no llenaré mi boca de mierda hasta que lo tenga. Y así va.
Y escribo sin mirar al teclado y aun así veo de reojo lo huesudas que están mis manos, y me da repelús. Pero tampoco lo considero demasiado y ella quiere más. Tengo que darle más. Siempre más. Hasta que duela. Hasta que asuste. Hasta que me la arrebaten con pastillas y una habitación gris cerrada, lejos del televisor, del ordenador, de las fotos, lejos de allá donde quiera que se esconda. Suero en mi brazo de foca, análisis de sangre constantes. Familia defraudada. Ana defraudada. Yo aferrándome a ella para que jamás me la quiten. Ella aferrándose a mí para quitarme la vida. Yo dejándome morir por ella.
Entonces, paz. Punto y final a una vida de completo fracaso y de esfuerzos inútiles por agradarte a tí misma y perdonarte que nadie te valore como quieres.
Me aterra ver a qué límite me está llevando. Me aterra lo bien que se siente el estar aquí. Pero lo vacío que está todo. Las contradicciones constantes.
Quiero decir, jamás he tenido una meta mas baja de 49 k.
Estoy en 46 k.
¿Por qué? No lo sé. Se sentía bonito ver el 50 tan lejos y el 30 tan cerca.
Ahora ya tengo los 46.
Ahora tengo los huesos mas marcados que nunca. Por primera vez he visto un poco de delgadez en mí.
¿Y qué? ¿La hace feliz eso? Por supuesto que no.
Quiere verlos todos, quiere los 40 k, quiere que sea frágil, que me quede sola, que me encierre en mi esqueleto.
¿Quiero yo?
No. Pero sucederá algun día. Así lo siento. Mas tarde o mas temprano.
Y yo...tras tener los 46...Yo no siento nada.
Sigo vacía. Sigo inútil. Carga. Decepción. Culpa. Lástima. Asco.
Eso soy.
Mecánica. Teledirigida. Insípida.
Incluso mi sintaxis me parece pesada.
No sé. Ya no sé qué mas puedo decir. Sé que el próximo desmayo me llevaría a un ingreso en un centro, y sé que cambiaría mi vida para siempre. Mas de lo que ha cambiado.
Mas vacía de lo que está. Mas olvidada que nunca.
PERDIDA.
Me he perdido a mí misma.
It's not about being beautiful.
I'ts not about being skinny.
It's about being unloved.
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