miércoles, 14 de septiembre de 2011

Echando de menos

Sigo viva.
En un bucle, de aquí a allí.

La vida es genial <-----------> Preferiría estar muerta

Sí, soy feliz, me he enamorado de ella.
La quiero y no he hecho mas que preocuparme en disfrutar cada momento con ella.
Sólo ella y yo.
Y ésto, como siempre, trae un conflicto.
Cuando Ana está contigo, no hay lugar para nadie mas. Si dejas que alguien mas ocupe tu vida, ella se esconde. Debes empezar a mentir, debes callarte tantas cosas.
Pero soy como soy. Y no quiero mentirla.
Y, a la vez, algo dentro de mi me pide alguien con quien compartir lo que Ana hace conmigo.

Era tan feliz...
Y Ana ha vuelto a irse.
A partir de ahí no siempre he podido sentirme como quería. Pesaba alrededor de 44 k.
Ahora debo pesar 53 k.
Desde entonces, todo me sale mal, me siento torpe, me siento fea, horrible.
P
A
T
É
T
I
C
A

Llevo ésta palabra tatuada en la frente. Lo juro.
Marina es perfecta...y empiezo a sentirme demasiado poca cosa. O demasiada cosa, físicamente.
Me veo sana, "hermosa", rellena.
Doy asco, JODER.
Ana ha tratado de volver en algunas ocasiones, pero el empezar a mentir a quienes quiero no es lo mío, y no lo he conseguido. Otros días simplemente no me he visto tan gorda y la he ignorado.
Imbécil.
Nunca se debe ignorar a Ana. Sólo hace que seas mas gorda unos días después.
Ahora sí, necesito que vuelva ya. Esto es horrible.
Este cuerpo no es digno de la persona que soy. Este cuerpo es desagradable y vergonzoso.
Yo no quiero ser eso. Quiero ser bonita y pequeñita como era.
Y ya sé de sobras qué debo hacer para eso. Pero es tan difícil al principio. Cuesta tantísimo hacerla volver... Darle el control...
Quizá debería alegrarme de éso porque significa que no estoy enferma. Dice de mí que me he curado y he tomado el control.
Pero yo nunca lo vi así. Ella no me quitaba el control. Me lo daba. Lo compartíamos.
Y fui feliz.
Me cago en la puta.
No sabéis cuánto le debo a Ana. No es mi puta enfermedad.
LA NECESITO

martes, 14 de junio de 2011

Futuro

Odio haber esperado tanto para volver a escribir.
He acabado ingresada en un hospital psiquiátrico un mes, por depresión.
He salido de allí con Ana mas fuerte que nunca, he vuelto a mis 46 k.
Me encantaba el tener un horario de comidas. Con la depresión comía a todas horas. Recuerdo esos bols de cereales llenos de culpa que no tenía fuerzas para sentir. No sentía culpa, no sentía rechazo, no sentía NADA. Sólo asco al mirarme al espejo cada día peor, sólo menos ganas de vivir a cada kilo ganado...Y la desesperación, y no encontrar el futuro ni las fuerzas para conocerlo.

Pero allí no había nevera, no había una despensa.
Había CONTROL. No se escapaba nada, no hacía falta que todo el esfuerzo fuese mío. Simplemente estaba controlada por Ana y las enfermeras.

Me alimentaba a base de ensaladas y patatas hervidas. Pasta, alguna vez, que evité esparciendo por los platos. Yogures de 105 calorías que poco a poco empecé a comer sólo la mitad y a esconder el resto. Flanes enteros escondidos entre la verdura. Servilletas llenas de comida. Y kilos de menos. Y regañinas sobre lo poco que comía por las que Ana me felicitaba. Aquellos comentarios de "Si te pones de perfil no te veo", las abdominales y los ejercicios de bilicleta con Berta todas las noches a escondidas de las cámaras y de las enfermeras. A tomar por el culo.
Me recontré con Ana, ellos, imbéciles, me ayudaron a traerla de vuelta a mi vida y a dejarla tomar el control que ellos no me dejaban perder. Fue tan cómodo, teniendo a la vez a Berta y sus 44 kilos paseando delante de mí todo el día, siendo mi motivación el igualarla, el dejar de sentirme la falsa delgada de allí. Odiaba el pensar que todos sabían que Berta tenía lo que tenía y que a mí me tuvieran que preguntar por qué estaba ahí dentro. "GORDA. GORDA. GORDA. GORDA. Tienes anorexia y nadie lo ve. Sólo eres una patética gorda deprimida."
Cuánta razón, Ana. Pa-té-ti-ca. Sorpreeeeeeesa.
Quiero dejar de nombrarla tanto. Es como faltarle al respeto. Es una cosa que debe esconderse, no hay que sacarla nunca tanto a la luz.

Salí con 48 kilos y alcancé los 46 en poco tiempo, en casa. Fue maravilloso y lo echo muchísimo de menos. Ahora me he vuelto a perder porque vuelvo a ser feliz.
Me quiero. Me encanto, me acepto, me gusta mi sinceridad, mi alegría, mi madurez, lo cría que soy a pesar de ella.
Amo la persona que soy. Pero no puedo amar mi cuerpo. No si sube de 46 kilos. Entonces no valgo nada. Porque no quiero salir a la calle y mostrarme. No puedo disfrutarme. Entonces debo empezar a hacerme daño otra vez y volver a tener ese falso físico que me deja ser como soy realmente por dentro. Es difícil de entender, lo sé. Pero no me importa.
Sólo un par de kilos menos y podré mostrarme enteramente al mundo y podré ser quien soy. Ana en un cofre, guardadita y acechando, controlándome las calorías y ayudandome a mantenerme. Pero bajo llave. Ya no podría matarme. Ya nos conocemos demasiado. Nosotras y sus treguas...son sus normas, al fin y al cabo.

lunes, 16 de mayo de 2011

Hoy.

Hoy ella necesita escribirle.
Hoy ella se siente desesperada de nuevo.
Se siente viuda. Y enamorada todavía. En lo mas hondo de su ser.
Por desgracia, su amado ya murió. En todos los sentidos.
Realmente, está enamorada de alguien que sólo puede recordar. De alguien que ella mató.
Ella sintió su corazón romperse bajo la palma de su mano aquel día. Ella lo vio en su mirada. Lo sintió en sus lágrimas, mojándole la cara en aquellos últimos abrazos.
Se para unos minutos, grita y llora, aguantando los golpes amargos que le trae de nuevo su corazón. Se retuerce, como siempre que le recuerda. Como cada día un segundo antes de dormirse.
Lo imagina. Más joven. Más inexperto. Enamorado de ella. Mirándole como sólo el sabía.
Lo imagina durmiendo. Como tantas veces lo vio mientras ella se quitaba el lujo de dormir durante quizá toda la noche, sólo para mirarle a él, que jamás lo supo y que, aunque ahora lo supiera, jamás le importaría.
Tantas veces lloró en silencio mientras le veía dormir. Tantas. Lloró de orgullo, de amor, de felicidad. De tener la suerte de tenerle a su lado. Siguió con la mirada cada uno de sus poros, de sus pestañas, su vello facial, su nariz, su respiración, el movimiento de sus venas en ese precioso cuello, sus ojos cerrados y en paz. Los memorizó y ahora es algo que vive en a ella. Ese rostro. El rostro de su amado.

Que ahora ya no existe.
Su amado al que destruyó. Por un error, una equivocación, imperfecciones del ser humano, la avarícia de quererlo todo, de querer que algo nuevo mejore lo inmejorable. De creer que nuestros actos no traerán consecuencias. Que sólo va a ser algo de lo que reírse en un futuro, juntos. Y tras los años aprender de lo que has hecho y que te queme el alma todos y cada uno de los minutos de tu vida el hecho de que mataste a quien mas amabas. A quién mas has amado jamás.
Aquel con quien querías tener bebés. Aquel a quien entregaste tu persona entera. Aquel que te juró amor eterno. El que estaba dispuesto a tatuarte en su piel porque juró que jamás te olvidaría. Era tanta la seguridad de estar juntos toda la vida. Era un hecho el estar hechos el uno para el otro y pertenecerse. Ser la razón de la existencia del otro.

Y, sabes. Por mucho que no llegue a estar impreso en mi piel, está impreso en mí. Quemado, tatuado, desangrado ya. Sé que te quiero.
O que quiero a la persona que eras. La amo. La amo con mi vida y moriría mil veces por ella si así pudiera hacerte regresar. Lo que sea.

Ella quiere salir corriendo. Correr tras él. Aparecerse donde sabe que está. Verle. Hace nueve o diez meses que no ve su rostro. Y aquellas veces que lo ve en fotos, no consigue reconocerle.
Porque ya no es él. Es simplemente alguien que tomó su aspecto. Se hizo mayor con su aspecto. Cambió de vida, de amigos, de pensamientos, y de corazón. Lo vació todo y volvió a llenarlo con gente distinta.
Ella sintió una patada. Una exclusión. Una patada que rompió su mundo, aquel en el que los dos vivían. Como un cristal que se rompe. Ella lo rompió y salió disparada, dejando un agujero enorme en aquel pequeño mundo del que ella formaba la mayor parte. Él tuvo que llenarse de otra gente, otros estímulos y otros sentimientos para rehacerse a sí mismo y a su mundo.
Pero ella.
Ella es distinta.
Ella rasgó toda su piel al romper el cristal. Se desangró en gritos y deseó morirse sin él. Sintió un dolor inexplicable que le prometió que ella jamás tendría un mundo de nuevo.
Y no lo tiene. Y sigue perdida llamándolo a gritos en su interior. Lamentándose de no poder acariciarle la cara. De no poder compartir las palomitas con él viendo una película. De ya no poder llorar de amor mientras le observa dormir. De no sentirle respirar a su lado. De no oír nunca mas sus risas juntas, ellos dos. Riendo. Besándose. El silencio de los besos y el sonido de los alientos chocándose, esa cama siendo testigo de toda su historia, día a día. De las cenas. De las risas viendo películas y series. Del sexo que los unía y que les hacía sentir que ya nunca jamás nada podría separarles. NUNCA.

Nunca ha vuelto a tener sexo con nadie mas. Nunca ha conseguido sentir que alguna otra persona deba ocupar su lugar. Lo ha intentado, ha intentado engañarse, ha intentado sentir. Olvidar. Perdonarse. Y no puede. Y no quiere que nadie se siente donde él se sentó. No quiere que nadie la toque donde él la tocó. No quiere. Simplemente. Porque le pertenece a él.

Pero en fin. Ya está bien.
Él es feliz ahora. Él quería estar lejos de tí para madurar y conocerse mejor a sí mismo.
Parece que lo ha conseguido. Y me alegro tanto por él.
Espero que el crea que yo también lo he conseguido.
Que esas pequeñas cosas con las que me codeo me llenan, o llenan un cuarto del vacío que el dejó. Los buenos amigos, las chicas preciosas, las chicas que desea, los tonteos inútiles con otros chicos, las drogas, la anorexia.
Así que, cariño. Soy feliz, porque tú ahora eres feliz. Siento haberte hecho daño.
Siento que tú me hicieras daño tantas veces.
Sólo necesitaba desahogarme. Como cada día que sueño con aquel que eras antes. Cuando éramos nosotros. Cuando nuestro mundo todavía estaba sellado, duro como una roca, irrompible, impenetrable por nadie mas.
Yo me quedo aquí...

domingo, 27 de marzo de 2011

Antidepresivos y antisentimientos


  • Siento que podría decir muchas cosas y voy a intentar expresarlas lo mejor que pueda. Últimamente he llegado a pensar "Yo ya no soy anoréxica".

  • Cualquiera que siguiera mi rutina desde fuera, jamás pensaría que tengo ninguna clase de trastorno alimenticio. No tengo mas que un par de síntomas y son psicológicos y viven escondidos dentro de mí.

  • Como el grabar mi cuerpo en vídeo para llevar un seguimiento de lo gorda que empiezo a estar.

  • Como sentir ansiedad en la bañera y tener que alejar las cuchillas de mí para no rebanarme el estómago en busca de los huesos que antes acariciaba. Por ejemplo. Entre otros.

  • Pero sin embargo mi vida transcurre con aparente normalidad. Y por dentro no siento nada. Tampoco dolor. No sufro. La situación es la misma, sin embargo.

  • Cada día de mi vida busco algo que consiga hacerme sentir. Cualquier cosa. Sea un hombre, sea una mujer, sea un desconocido, una droga, una canción, un vídeo. Cualquier puta cosa que consiga que me sienta humana y con capacidad de sentir emociones.

  • Perdí a mi mejor amiga y no conseguí sentir un puto segundo de lástima o arrepentimiento. Lo único que llegué a sentir fue alivio de que me dejara en paz. Y me debería sentir horrible por ello. Pero me da igual todo. Exactamente igual.

  • Lo que pase o deje de pasar a mí y a mi alrededor me trae sin cuidado. Supongo que todo tiene que ver con las pastillas y las gotas para chiflados que tomo. Hacen que el problema siga ahí pero que tú consigas que te importe una real mierda. No está mal del todo. Pero obviamente no es una solución.

  • Ayer casi demostré mi profesionalidad a la hora de tropezar dos, tres, las veces que haga falta, con la misma piedra. Aunque ni me apetezca. Tropezaría sólo para que ocurriera algo en mi vida. Para sentir compañía de algún tipo. Lo malo de éso sería obtener sentimientos que no quiero. Sentimientos inútiles que me lleven a otros sentimientos inútiles y finalmente a sentirme patéticamente inútil.

  • Así que de momento todo sigue parado. Menos el tiempo y el volumen de mis caderas, que va poco a poco creciendo. Supongo que al final crearán su propia cueva y necesitaré una cama mas grande, o algo así. Y eso también me da igual. Me da, pero no. Psicológicamente no, pero mi cuerpo va a su puta bola y no deja que me preocupe. Es una mierda.

  • Por otra parte, siento cambios en mi actitud. No sé si me quiero o no, la verdad es que eso varía bastante. Pero siento que me protejo mucho mas que antes. Que me he vuelto una egoísta y una orgullosa. Y eso me gusta porque es una forma de darme el cariño que no estoy obteniendo de fuera y de no caer más hondo. Pero a la vez una parte me dice que no lo merezco y que eso me va a convertir en una gorda estúpida, borde y solitaria. Que pasaré del resto del mundo y viviré sola fumandome porros en un puto sofá de tres plazas por el que se derramarán mis kilos y kilos hasta que el mundo deje de existir. Es lo poquito que queda de Ana, supongo.

  • Ahora se siente distinta. Se siente como una niña pequeña en algún rincón perdido de mí, balanceándose en un columpio. Ella también está drogada y no consigue actuar porque pasa de todo. Este bienestar está siendo malo para nosotras dos.

  • No se qué hacer ni que haré. Pero me da igual.

domingo, 27 de febrero de 2011

Completa soledad

Se siente raro entrar en mi rinconcito de penas en una casa ajena, en un ordenador que no es el mio, en completa paz por una santa vez.
Nadie con quien hablar, nadie con quien fingir, mi blog de la sinceridad y yo.
Y que tengo de nuevo que decirte.
Me siento hundida hasta lo mas hondo. Me siento patetica, vacia, y rodeada de un mundo al que no puedo corresponder.
Me miro al espejo y la opcion mas factible que me pasa por la cabeza es prenderme fuego.
Soy demasiado horrible, ya ni mi anorexia me quiere, ya ni mis huesos me consuelan porque se han tapado con mas y mas grasa inutil que no significa nada mas que el poco amor que puedo ofrecerme, unos ratos llenandome de mi peor enemiga, la comida, a la vez mi consuelo y mi autodestruccion, seguidos de ratos de evasion a mis malos tratos.
Me autodestruyo cada dia, autodestruyo mi imagen y mis ganas de quererme, autodestruyo mi salud fisica y mental porque no se hacer otra cosa conmigo misma.
Hace unos meses me mataba por desnutricion, ahora me mato por maltratarme hasta el extremo de no querer despertarme de mis sue;os. No quiero vestirme, no quiero enfrentarme a mi imagen ni mostrarla a los demas, y se me exige hacerlo con una sonrisa y con falsas fuerzas que los demas deberian ver para que mi vida parezca una mas. Pero no es una mas. Ni siquiera es una vida y no hace mas que empeorar.
Pienso mierda tan extrema que me parece fuerte incluso para escribirla aqui. Ahora si me siento LOCA.
Me estoy desquiciando y perdiendo mas con cada dia que pasa. Han empezado a rondar ideas de suicidio momentaneas y es algo a lo que jamas pense que llegaria. Y sin embargo ahi estan, aqui estoy.

Por otra parte es un buen momento del dia.
No tengo que fingir, escribo mis verdades fumandome un cigarro.
Y sin embargo me siento tan sola.
Si al menos Ana estuviera, si al menos pudiera tocarme y sentirla ahi, sentirme bonita y poder fingir ante la gente sabiendo que no me veo tan patetica sino simplemente enferma o delgadita, entonces podria tirar adelante un poco mas.
Pero no. Solo me ven dejada, gorda, sin peinar, sin maquillar, FEA, olvidada, descuidada, penosa.

Estoy cansada en todos los sentidos.
Cansada de quejarme, cansada de cansarme, cansada de ser.
Bah.

miércoles, 16 de febrero de 2011

¿Quién eres?

¿Qué contestaría ante eso?
¿Quién soy?
Me llamo Myriam, estoy cambiando y me hago mayor. Es lo único que hago. Hacerme mayor y sufrir.
Cambiar. A peor.
Pasar de ser una niña con ilusiones y el corazón siempre roto, a ser alguien distinta.
Alguien que decidió darlo todo por esas ilusiones y ponerle tiritas a su corazón para poder seguir adelante. Alguien que se encerró en sí misma para dejar de sufrir. Alguien que se encerró en sí misma para ser LIBRE. Cometí el error de confiarme a mí misma y a mi mente enferma y autodestructiva. Las tiritas de mi corazón se despegan prácticamente a diario y dejan que duelan todas aquellas heridas mas que pasadas, todas, cada una de ellas duele. A veces carece de sentido, a veces no entiendo que duelan, pero me debilita tanto dolor y acabo aquí escribiendo palabras que no dejaría que nadie leyera.

Me estoy liando con lo que yo misma escribo.
Pautas, porque, a la vez, espera, no olvides esto. Estás jodiendo tu mente. Estás perdiendo facultades, neuronas y memoria con cada porro. Y tu autoestima se va en cada calada. Vale la pena, desde luego lo vale, pero ahora, bonita, necesitas una pauta para no olvidarte de lo que quieres decir.

Bah. ¿Sabes qué? A la mierda.
No quiero pautas.
Mi vida no está llena de pautas. Mi vida es un desorden.
Un vacío desordenado. Vacío mal repartido. Vacío a veces.

Personas. Oportunidades, momentos que me pierdo, momentos que sólo imagino,
momentos que querría vivir, que no me llevarían a ninguna parte.
Estoy hasta los cojones de repetir las palabras en las frases. "Vacío", "momentos".
Me canso a mí misma.
Creo que voy a beberme una cerveza. Mejor que mejor. Ya escribiré cuando esté lo suficientemente tranquila para hacerlo. Cuando me de la puta gana y deje de darme este asco por pasar tanto de todo y a la vez, por no tener nada de lo que pasar.
Paso de todo y de nada a la vez. Eso es mi vida. Intentar preocuparme sólo de mí misma y no saber por no conocerme.
Preferir drogarme y no pensar, hacerlo ameno, antes que levantarme y luchar contra lo desconocido. Se está bien sin preocuparse de cómo cúando dónde y quién.

Pero, ¿y cuando te toca saber algo nuevo de tí? ¿Descubrirte, conocerte un mínimo, ver cómo has cambiado frente a una situación?
De pronto descubres que posiblemente seas homosexual, que lo que tú creías normal en un heterosexual no lo es, pero confías TAN poco en tí misma que ya no te crees tus verdades, te has mentido tanto para quererte mas que ya no sabes ni lo que quieres, ni qué te gusta, ni qué te parece bien o mal.
Pero no puedes saberlo porque, de nuevo, se está bien sin preocuparse. Se está bien dejando los días pasar sin molestarte en luchar por absolutamente nada, se está bien drogándose día tras día, viendo en televisión lo patéticos que son a tu alrededor y alegrarte de no ir cabizbaja en línea recta, sintiéndote superior a ellos por lo buena que sabes que eres en realidad.
Sabes que eres buena persona, que das mil patadas a la media, que la gente se alegra de conocerte, que incluso te admiran.
Y ahí te tienes. Drogada, en una cama, viendo dibujos animados. Otro día mas. Echándote unas risas, muriendo de aburrimiento y de despreocupación. Escondiéndote porque no sabes quererte y no dejas que la gente te quiera. Y tú, que sabes que eres superior y podrías llegar a lo mas alto, te tienes por los suelos. Haces que el resto, los ignorantes de mierda de ahí fuera, crean que eres como ellos. Te disfrazas de ellos. Eres patética. Enorme perdedora. Mísera. Y gorda.

Me alegro de no haber hablado de tí hoy, Anita.
Vuelve por favor y dale sentido a toda ésta mierda.
Te amo y te necesito, Ana. Tengo los brazos abiertos esperándote.

Aunque abrazarte a tí es rodearme con los brazos.

jueves, 3 de febrero de 2011

Vacío demasiado lleno.

Mierda de título.
Hoy, vuelvo a sentirme deprimida. Hasta lo mas bajo, a pasos agigantados, hacia ninguna parte, pero hacia abajo.
No tengo ganas de moverme de aquí, no sé con qué llenar estos ratos, de dónde sacar la fuerza de llenarlos, tengo demasiado frío, tengo demasiado poco que hacer, tengo demasiadas ganas de comer y demasiados putos kilos encima.
Mi cuerpo se va a la mierda, mi vida con él. La depresión me vence.
No sé qué hacer... necesito dejar de estar sola. La casa está demasiado vacía, siento casi dolor psicoógico en las piernas de ver que no las muevo y no dejo de comer, es lo único que me hace agradable esos ratos en los que no encuentro mis ganas de vivir, como, como, como, sin importarme nada mas. ¿Qué es lo que debe importarme, si no tengo nada? Mierda. Así que sigo comiendo, y luego me quiero morir porque ni siquiera recuerdo el sabor de lo que he comido y sin embargo no puedo mirarme al espejo de la vergüenza que me doy...
Fin. A tomar por el culo. Me quiero morir.