jueves, 10 de junio de 2010

Recaídas y desvaríos.

Hoy, me he levantado feliz. Como cada día después de haber cumplido mi propósito. Porque sé que hoy, por lo menos, no estaré mas gorda. Incluso quizá esté mas delgada. Nadie entiende esa felicidad. ¿Acaso es tan extraño? Me sigue dando pánico tocarme por la mañana, quitar la sábana y ver algo que no quiero ver. Me levanto, tocándome lo menos posible, mirándome lo menos posible, y me miro al espejo. Y debo reconocer que hoy me he asustado. Mis costillas se notan mucho mas que ayer, también los huesos de las caderas. Tengo forma de "S" y mi estómago está hundido hacia adentro, haciendo una curva bastante notable que me ha asustado. Pero poco después me he vuelto a mirar con asco y a correr al baño a pesarme.
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He vuelto a mi habitación, más o menos satisfecha (aunque me esperaba algún kilo de menos pero por lo menos no hay ninguno de mas). Entonces he tenido la idea. LOS pantalones. Esos pantalones. Esos que nunca he podido ponerme sin pelearme con toda esa grasa que no sabe dónde meterse. Los he buscado, me ha dado un pequeño acaloramiento (no sé por qué) y me los he probado por encima. No parecían tan pequeños ya. Me los he puesto y me han empezado a dar problemas a la altura de la pelvis pero han acabado entrando y abrochándose a la perfección. Me he mirado incrédula en el espejo. Incluso he podido meter un dedo más en el pantalón. No he sabido cómo tenía que tomármelo. Entrar en estos pantalones era mi meta. Pero no me gusta cómo me quedan, me veo igual de gorda pero con unos pantalones mas grandes. Ana no deja que me conforme. He decidido que voy a comprarme una talla menos y que seré mas bonita cuando pueda meterme ahí. Sí, lo sé. Estoy recayendo en picado.
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Ayer fue un buen día. Por la mañana no. Comí un croissant muy aceitoso con un cacaolat para desayunar, porque estaba con familiares y tenía que hacer el paripé. Estaba intentando no pensar en lo que comía, me podía permitir un poquito. Recuerdo que mi hermana dijo "debe llevar mantequilla por encima porque está muy aceitoso", y mi mundo dio vueltas. Man-te-qui-lla. Empecé a escuchar a Mia y a llamarla a gritos para que me ayudara a sacar eso de mi estómago. Como tengo problemas de nervios y ansiedad fue creíble (supongo) que me había dado un retortijón el estómago y corrí a mi enemigo (a veces) WC. Mia no me ayudó. Parecía que seguía teniendo el estómago vacío. Quizá en realidad sí era poca comida como para conseguir vomitar. Además, no podía estar mucho rato y los ojos se ponen llorosos y la cara roja y así me iban a descubrir enseguida. Qué asco. Mia, deja de fallarme. Tú y yo eramos un equipo, joder. En fin. Decidí que no metería ninguna mierda mas en mi boca en todo el día, porque el croissant y la leche del batido tenían calorías suficientes ya para todo el día. Y LO CUMPLÍ. Y hoy estoy feliz. No me odio tanto. Amo la recompensa de Ana el día despues. Siempre ha cumplido y me ha regalado esta satisfacción si hago las cosas bien. Por otro lado, estuve muy bien con él y estuvimos a muy poco de mandarlo todo a la mierda y besarnos. Pero también me alegro de haber sido coherente y haberme aguantado las ganas. ¿En serio Iván se merece eso? Yo no soy así. No puedo besarle y no lo haré (porfavor...).
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Ahora mismo me encuentro bastante mal. Acalorada, con dificultades para respirar y un dolor horrendo en el estómago (no es hambre). Pero me estoy en pie y no necesito hacer ningun esfuerzo así que... De todas formas tengo zumo en la nevera. El zumo siempre me lo permito. Y si ayer me "permití" un croissant hoy debería permitirme una manzana. Pero no me gusta la idea. Mi madre se da cuenta de lo que hago, y se lo cuenta a mis hermanas. No pretenden dejarme pero tampoco me pueden obligar. Ayer me llamó mi hermana pidiendome que comiera y dándome su apollo. Me siento horrible cuando hacen eso, porque lo voy a rechazar. El apollo no me sirve para sentirme como ahora por las mañanas. El apollo no me hace adelgazar.

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