martes, 14 de junio de 2011

Futuro

Odio haber esperado tanto para volver a escribir.
He acabado ingresada en un hospital psiquiátrico un mes, por depresión.
He salido de allí con Ana mas fuerte que nunca, he vuelto a mis 46 k.
Me encantaba el tener un horario de comidas. Con la depresión comía a todas horas. Recuerdo esos bols de cereales llenos de culpa que no tenía fuerzas para sentir. No sentía culpa, no sentía rechazo, no sentía NADA. Sólo asco al mirarme al espejo cada día peor, sólo menos ganas de vivir a cada kilo ganado...Y la desesperación, y no encontrar el futuro ni las fuerzas para conocerlo.

Pero allí no había nevera, no había una despensa.
Había CONTROL. No se escapaba nada, no hacía falta que todo el esfuerzo fuese mío. Simplemente estaba controlada por Ana y las enfermeras.

Me alimentaba a base de ensaladas y patatas hervidas. Pasta, alguna vez, que evité esparciendo por los platos. Yogures de 105 calorías que poco a poco empecé a comer sólo la mitad y a esconder el resto. Flanes enteros escondidos entre la verdura. Servilletas llenas de comida. Y kilos de menos. Y regañinas sobre lo poco que comía por las que Ana me felicitaba. Aquellos comentarios de "Si te pones de perfil no te veo", las abdominales y los ejercicios de bilicleta con Berta todas las noches a escondidas de las cámaras y de las enfermeras. A tomar por el culo.
Me recontré con Ana, ellos, imbéciles, me ayudaron a traerla de vuelta a mi vida y a dejarla tomar el control que ellos no me dejaban perder. Fue tan cómodo, teniendo a la vez a Berta y sus 44 kilos paseando delante de mí todo el día, siendo mi motivación el igualarla, el dejar de sentirme la falsa delgada de allí. Odiaba el pensar que todos sabían que Berta tenía lo que tenía y que a mí me tuvieran que preguntar por qué estaba ahí dentro. "GORDA. GORDA. GORDA. GORDA. Tienes anorexia y nadie lo ve. Sólo eres una patética gorda deprimida."
Cuánta razón, Ana. Pa-té-ti-ca. Sorpreeeeeeesa.
Quiero dejar de nombrarla tanto. Es como faltarle al respeto. Es una cosa que debe esconderse, no hay que sacarla nunca tanto a la luz.

Salí con 48 kilos y alcancé los 46 en poco tiempo, en casa. Fue maravilloso y lo echo muchísimo de menos. Ahora me he vuelto a perder porque vuelvo a ser feliz.
Me quiero. Me encanto, me acepto, me gusta mi sinceridad, mi alegría, mi madurez, lo cría que soy a pesar de ella.
Amo la persona que soy. Pero no puedo amar mi cuerpo. No si sube de 46 kilos. Entonces no valgo nada. Porque no quiero salir a la calle y mostrarme. No puedo disfrutarme. Entonces debo empezar a hacerme daño otra vez y volver a tener ese falso físico que me deja ser como soy realmente por dentro. Es difícil de entender, lo sé. Pero no me importa.
Sólo un par de kilos menos y podré mostrarme enteramente al mundo y podré ser quien soy. Ana en un cofre, guardadita y acechando, controlándome las calorías y ayudandome a mantenerme. Pero bajo llave. Ya no podría matarme. Ya nos conocemos demasiado. Nosotras y sus treguas...son sus normas, al fin y al cabo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario