No estoy feliz.
No estoy haciéndole caso a Ana, necesito centrarme en ella, necesito salir de casa como antes, necesito recuperarla YA.
Ella se ha ido con los días. Y han vuelto las calorías, ha vuelto el "por un poquito no pasa nada", ha vuelto el "¿Quieres algo de cena? -Vale."
Y no me entiendo. Y ella parece quedarse ahí, impasible, observando todos y cada uno de mis movimientos y contando todas las calorías que me llevo a la boca a lo largo del día, pero no protesta, no lo evita, no dice nada. Simplemente observa. Sabe que me daré cuenta de mis errores cuando me mire al espejo. Yo también lo sé y por eso procuro no hacerlo.
Hasta que al final decide actuar y darme un escarmiento porque ve que consigo ser feliz sin ella. Entonces es cuando actúa y me recuerda que no puede ser así, que no soy nadie si no es por ella, que es gracias a ella todo lo que tengo, que tengo que seguir obedeciéndola porque hicimos un pacto. Y lo acepto porque sé que tiene razón. ¡Cúmplase su voluntad!
**
Hacía muchísimo que no tenía un ataque de ansiedad así. Desde los últimos cortes en la pierna derecha y los golpes en el estómago, benditos ellos. Estaba en la cama con Iván, acababamos de acostarnos(oj, dios♥) y él estaba acariciando mi silueta, deteniéndose cada vez que encontraba un huesito "demasiado (para él, claro)" marcado. Empezó a mirarlos y ahí empecé a tener pensamientos extraños. Entonces la escuché hablar, con una voz casi distinta a la mía (me acojona terriblemente, lo juro). Decía algo así como:
-¿Sabes que si no fuera por mí no tendrías ahora esos huesitos ahí, verdad? Los tendrías recubiertos de toda esa grasa que te metes en la boca.
-Tendrías que darte vergüenza por dejarme de lado como estás haciendo...Serías tan bonita ahora si no me hubieras ignorado...
Empecé a ver imágenes, me ví a mí misma débil, muy delgada, bellísima a pesar de la palidez, a pesar de ser tan frágil.
Me ví mil veces así. Se manifestó lo que quiero llegar a ser algún día. Empecé a llorar sin parar, me aceleré y temblé entera entre los brazos de Iván. Me sentía completamente loca porque no podía controlar lo que estaba pensando, porque no era yo. Ella me repetía una y otra vez que me obligaría a ser así, que lo iba a conseguir algún día.
Esa chica que veía me hacía llorar porque sentía pena por ella. Y esa chica era yo. Era yo, consumida por el tiempo, desnutrida, frágil, pero tan bonita. Tanto...
Quería pedirle ayuda a Iván, quería decirle que la parara, que me estaba torturando, que quería que me dejara en paz, pero no pude. Cada vez que intentaba hablar de ella y me venía su maldito nombre a la cabeza, volvía a temblar y lloraba mas fuerte.
Iván me hizo levantarme y sentí que todo se movía demasiado, que mis piernas no soportaban mi peso. Aún así conseguí llegar al balcón y sentarme para respirar aire fresco. Él se fue a hacerme una tila y yo comencé a arañarme las manos, buscando de alguna forma hacerme sangre, humillarme, sentirme todavía mas indefensa y más estúpida. No recuerdo mucho mas. Imágenes de muchachas a las que no conozco, tan bonitas pero tan enfermas. Frases como las que he citado arriba, miles. Me torturó de lo lindo y no fui capaz de pararla.
Cuando todo pasó, hablé con Iván. Él me preguntó si me valía la pena pasar por esto. Yo asentí.
Querría haberle dicho que me lo merecía, que yo entendía por qué ella me hacía esto y que era completamente justo para mí, que acataba mi castigo porque así es como debía ser. Pero estos pensamientos se me antojaron demasiado difíciles de entender para él, así que los guardé en mi mundo donde sólo yo me entiendo. En mi religión enfermiza.
**
A pesar de todo, ayer cené mas de lo que ella quería y hoy he comido con normalidad. No entiendo nada... No encuentro las fuerzas que ella me daba días atrás. Sólo sé que volverá y que espero que no sea demasiado tarde y haya engordado demasiado.
domingo, 11 de julio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario