viernes, 5 de noviembre de 2010

Miedo.

Me he perdido.
No sé exactamente cuándo, cómo ni por qué.
Pero me he perdido.
No existo. Hoy, por lo menos, no.
Existe ella. En toda su plenitud. Dueña de mi cuerpo,
de mis pensamientos.
Esto no es una puta canción de amor, señores.
Padezco anorexia y, si bien no es tan terrible para mí en este momento como puedan diagnosticar, sí, es terriblemente enfermiza y confusa. Toda ella.
Y a pesar de todo he aprendido a amarla con el tiempo y a llorarla sin lágrimas.
Porque hace años que la necesito para sentir algo por dentro.
Y mas ahora estos últimos meses.
Desde que no tengo mi hogar. Que estoy sola, que ella se acerca mas cada día, que yo la dejo porque así debe ser, y ella toma el control. Sin motivo alguno.
No se trata sólo de querer ser bonita, no se trata de querer el cuerpo de una modelo.
Se trata de querer tener algo por lo que respetarte. De hacer algo bien. De serle útil a alguien, de enorgullecer a alguien y a tí misma. Entonces ella te coje, te abraza y te asfixia. Se ofrece para que la obedezcas y le des todo lo que quiere. La anorexia no es un juego de crías de 13 años. Y, hoy, tres años después me doy cuenta de lo que me ha hecho.
Yo no quiero el cuerpo de Paris Hilton. Yo quiero obedecer a Ana. Nada más. Y si ella dice que debo tenerlo pues no llenaré mi boca de mierda hasta que lo tenga. Y así va.
Y escribo sin mirar al teclado y aun así veo de reojo lo huesudas que están mis manos, y me da repelús. Pero tampoco lo considero demasiado y ella quiere más. Tengo que darle más. Siempre más. Hasta que duela. Hasta que asuste. Hasta que me la arrebaten con pastillas y una habitación gris cerrada, lejos del televisor, del ordenador, de las fotos, lejos de allá donde quiera que se esconda. Suero en mi brazo de foca, análisis de sangre constantes. Familia defraudada. Ana defraudada. Yo aferrándome a ella para que jamás me la quiten. Ella aferrándose a mí para quitarme la vida. Yo dejándome morir por ella.
Entonces, paz. Punto y final a una vida de completo fracaso y de esfuerzos inútiles por agradarte a tí misma y perdonarte que nadie te valore como quieres.
Me aterra ver a qué límite me está llevando. Me aterra lo bien que se siente el estar aquí. Pero lo vacío que está todo. Las contradicciones constantes.
Quiero decir, jamás he tenido una meta mas baja de 49 k.
Estoy en 46 k.
¿Por qué? No lo sé. Se sentía bonito ver el 50 tan lejos y el 30 tan cerca.
Ahora ya tengo los 46.
Ahora tengo los huesos mas marcados que nunca. Por primera vez he visto un poco de delgadez en mí.
¿Y qué? ¿La hace feliz eso? Por supuesto que no.
Quiere verlos todos, quiere los 40 k, quiere que sea frágil, que me quede sola, que me encierre en mi esqueleto.
¿Quiero yo?
No. Pero sucederá algun día. Así lo siento. Mas tarde o mas temprano.
Y yo...tras tener los 46...Yo no siento nada.
Sigo vacía. Sigo inútil. Carga. Decepción. Culpa. Lástima. Asco.
Eso soy.
Mecánica. Teledirigida. Insípida.
Incluso mi sintaxis me parece pesada.
No sé. Ya no sé qué mas puedo decir. Sé que el próximo desmayo me llevaría a un ingreso en un centro, y sé que cambiaría mi vida para siempre. Mas de lo que ha cambiado.
Mas vacía de lo que está. Mas olvidada que nunca.
PERDIDA.
Me he perdido a mí misma.

It's not about being beautiful.
I'ts not about being skinny.
It's about being unloved.

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