¿Qué contestaría ante eso?
¿Quién soy?
Me llamo Myriam, estoy cambiando y me hago mayor. Es lo único que hago. Hacerme mayor y sufrir.
Cambiar. A peor.
Pasar de ser una niña con ilusiones y el corazón siempre roto, a ser alguien distinta.
Alguien que decidió darlo todo por esas ilusiones y ponerle tiritas a su corazón para poder seguir adelante. Alguien que se encerró en sí misma para dejar de sufrir. Alguien que se encerró en sí misma para ser LIBRE. Cometí el error de confiarme a mí misma y a mi mente enferma y autodestructiva. Las tiritas de mi corazón se despegan prácticamente a diario y dejan que duelan todas aquellas heridas mas que pasadas, todas, cada una de ellas duele. A veces carece de sentido, a veces no entiendo que duelan, pero me debilita tanto dolor y acabo aquí escribiendo palabras que no dejaría que nadie leyera.
Me estoy liando con lo que yo misma escribo.
Pautas, porque, a la vez, espera, no olvides esto. Estás jodiendo tu mente. Estás perdiendo facultades, neuronas y memoria con cada porro. Y tu autoestima se va en cada calada. Vale la pena, desde luego lo vale, pero ahora, bonita, necesitas una pauta para no olvidarte de lo que quieres decir.
Bah. ¿Sabes qué? A la mierda.
No quiero pautas.
Mi vida no está llena de pautas. Mi vida es un desorden.
Un vacío desordenado. Vacío mal repartido. Vacío a veces.
Personas. Oportunidades, momentos que me pierdo, momentos que sólo imagino,
momentos que querría vivir, que no me llevarían a ninguna parte.
Estoy hasta los cojones de repetir las palabras en las frases. "Vacío", "momentos".
Me canso a mí misma.
Creo que voy a beberme una cerveza. Mejor que mejor. Ya escribiré cuando esté lo suficientemente tranquila para hacerlo. Cuando me de la puta gana y deje de darme este asco por pasar tanto de todo y a la vez, por no tener nada de lo que pasar.
Paso de todo y de nada a la vez. Eso es mi vida. Intentar preocuparme sólo de mí misma y no saber por no conocerme.
Preferir drogarme y no pensar, hacerlo ameno, antes que levantarme y luchar contra lo desconocido. Se está bien sin preocuparse de cómo cúando dónde y quién.
Pero, ¿y cuando te toca saber algo nuevo de tí? ¿Descubrirte, conocerte un mínimo, ver cómo has cambiado frente a una situación?
De pronto descubres que posiblemente seas homosexual, que lo que tú creías normal en un heterosexual no lo es, pero confías TAN poco en tí misma que ya no te crees tus verdades, te has mentido tanto para quererte mas que ya no sabes ni lo que quieres, ni qué te gusta, ni qué te parece bien o mal.
Pero no puedes saberlo porque, de nuevo, se está bien sin preocuparse. Se está bien dejando los días pasar sin molestarte en luchar por absolutamente nada, se está bien drogándose día tras día, viendo en televisión lo patéticos que son a tu alrededor y alegrarte de no ir cabizbaja en línea recta, sintiéndote superior a ellos por lo buena que sabes que eres en realidad.
Sabes que eres buena persona, que das mil patadas a la media, que la gente se alegra de conocerte, que incluso te admiran.
Y ahí te tienes. Drogada, en una cama, viendo dibujos animados. Otro día mas. Echándote unas risas, muriendo de aburrimiento y de despreocupación. Escondiéndote porque no sabes quererte y no dejas que la gente te quiera. Y tú, que sabes que eres superior y podrías llegar a lo mas alto, te tienes por los suelos. Haces que el resto, los ignorantes de mierda de ahí fuera, crean que eres como ellos. Te disfrazas de ellos. Eres patética. Enorme perdedora. Mísera. Y gorda.
Me alegro de no haber hablado de tí hoy, Anita.
Vuelve por favor y dale sentido a toda ésta mierda.
Te amo y te necesito, Ana. Tengo los brazos abiertos esperándote.
Aunque abrazarte a tí es rodearme con los brazos.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario