domingo, 28 de noviembre de 2010

Joder.

Me apetece escribir.
No tiene por qué ser sobre ella, aunque obviamente acabará saliendo, se asomará entre mis pensamientos y saludará a la chica que algún día próximo volverá a leer estas palabras.
Así se asegura de que no la olvido. Así sabe que volveré a recordarla y a darle unos minutos de mi vida, a organizar junto a ella el día de mañana, a esperar juntas que tarde mucho el día en que me la quieran arrebatar.
Y yo me dejo manipular ahora, es como dejar que tus dedos se muevan solos, no pensar antes de escribir, dejar que ella lo haga fluir todo y dejar que plasme aquí todo lo que quiere decirme.
Ya lo dije. Mecánica e insípida. Robot manipulado por una enfermedad mental que necesito para sentir algo dentro de un cuerpo humano.
Ella vive con mi vida, yo vivo por su vida.
Es nuestra unión.
Es mi pérdida.
Y aquí sigo, hablando de ella sin mas. A veces me siento hecha exclusivamente de trocitos de anorexia. Hasta que me miro al espejo. ¿Por qué, joder? Llevamos juntas casi cinco años, Ana, pero no me dejas ver lo que obtengo de tí. En cambio todos pueden ver lo que tú me robas. Algo aquí no está bien. Pero entonces ella alarga la mano y me tapa la boca. Me cierra los ojos y me manda a callar. Todo seguirá bien si me comporto.

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